En San Andrés, Petén, se agotaron los espacios en su cementerio

El camposanto municipal superó su capacidad desde al menos hace diez años, pero la construcción de uno nuevo comenzó este 2020.

Este es la descripción: tras años de hacinamiento de cadáveres, la municipalidad de San Andrés comenzó a construir un nuevo cementerio. Foto: Municipalidad de San Andrés, Petén.

 

Por Carmen Maldonado Valle

 

“Hay que caminar sobre las tumbas y construir una encima de otra”, explica a través de una carta Oscar Cruz, el presidente del Comité Comunitario de Desarrollo (Cocode) de San Andrés, Petén. Él solicitó a la municipalidad en enero de 2019 construir un nuevo cementerio porque, según dice, el que tenían en ese entonces ya estaba totalmente lleno.

La comuna, sin embargo, publicó el proyecto en Guatecompras hasta marzo de 2020 y en mayo firmó el contrato para construirlo pero para ese entonces ya habían transcurrido 16 meses desde que se reportó que  no había lugar para enterrar a una sola persona más.

El nuevo camposanto estará terminado en junio de 2021, según Milton Méndez —alcalde municipal— y su costo total será de Q4 millones 320 mil. Medirá 25 mil metros cúbicos, contará con su propia capilla, los mausoleos y los nichos estarán divididos, y habrá calles y avenidas para que las personas tengan espacio para caminar sin obstáculos —condiciones con las que no cuenta el cementerio municipal actual, construido en 1920—.

Méndez es el jefe edil de San Andrés desde enero de 2012. Explica que el hacinamiento en el camposanto es una problemática que tiene el municipio desde hace al menos diez años. Justifica que no construyó uno nuevo en ninguno de sus períodos administrativos anteriores porque cuando él obtuvo el puesto tuvo que hacer el papeleo para obtener el terreno y “cuando ya lo teníamos mandamos a pedir el aval del ministerio de Salud, pero eso fue hasta 2017. El trámite fue tan engorroso que hasta ahorita nos dieron la autorización y por eso es que no lo habíamos hecho antes”.

 

 

Según la boleta de la obra, registrada en el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), al municipio “le urge” tener más espacios para sepultar a sus muertos porque cada mes entran al menos cinco cadáveres y se debe construir sobre los nichos de años anteriores para que los nuevos quepan. Aun así, esta situación se ha vuelto insostenible porque las bóvedas sobre las que se instalan esos nichos están “mal construidas o rajadas y también falta terreno donde ampliar más fosas, ya que el cementerio se encuentra limitado por viviendas (…). No hay áreas peatonales, por lo que hay que caminar sobre las tumbas de los difuntos, lo que puede causar accidentes”, señala el mismo documento.

El alcalde dice que si las personas ahora se ven en la obligación de caminar sobre las tumbas es porque “enterraron por donde quisieron”. Reconoce que la necesidad de una nueva necrópolis no es reciente, pero que para eso, además de los trámites frente a Salud, era necesario tener la colaboración del cocode: “ellos tienen que presentar sus solicitudes de proyectos, pero suele suceder que no las mandan a tiempo y nosotros no podemos aprobar obras de las que no hemos recibido la papelería en el plazo en el que se pidió”.

El director municipal de planificación, Juan Miguel Manzanero, afirma que la construcción tendrá aproximadamente 600 predios para mausoleos y 1 mil bóvedas colectivas. Califica la nueva necrópolis como una de las más modernas de Petén. “Que las personas vean que invertimos bien su dinero en algo que también embellezca la ciudad”.

 

Ojalá que alcance el dinero

Todos los fondos para sufragar esta obra municipal provienen de las regalías que dejan las operaciones petroleras del Estado. El 5 por ciento de esas ganancias, según el artículo seis la Ley del Fondo para el Desarrollo Económico de la Nación, debe brindarse a los Consejos Departamentales de Desarrollo (Codede) y “deberán ser invertidas en infraestructura, desarrollo rural, energías renovables, turismo sostenible e inversión social”.

El alcalde de San Andrés afirma que ese es el dinero que tienen planeado usar para realizar todos los pagos, pero si no se recibe el monto suficiente a causa de las dificultades económicas provocadas por la pandemia de la COVID-19, rescindirá el acuerdo con el proveedor. Espera que no suceda, pero es una posibilidad que aún no se descarta.

En ese caso, el contrato celebrado con Hugo Moscoso —el responsable de la edificación— estipula que la operación puede darse por terminada por mutuo acuerdo o por una razón de fuerza mayor, que podría ser la falta del presupuesto que se tenía programado para continuar. No quedarían deudas, porque el mismo documento legal señala que los pagos no se hacen al finalizar la construcción por completo, sino que se desembolsan en cada trabajo pequeño que hacen los ejecutores.

Méndez dice que la municipalidad no cuenta con fondos propios para sostener este gasto en caso de que no hubiera suficiente dinero proveniente del petróleo: “en la capital la municipalidad no se tiene que preocupar por gastos como los nuestros. Allí cada gota de agua consumida la pagan los ciudadanos, pero aquí tenemos que subsidiarla porque la gente no la quiere pagar y amenaza con machete si le cobran”.

 

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