En Livingston los vecinos aún no pueden regresar a sus casas

El agua regresa muy lento a su nivel por ello 107 familias permanecen en albergues y otras 200 con sus vecinos. Mientras, zancudos, infecciones de la piel y respiratorias proliferan.

En los albergues los pequeños no tienen juguetes y el tiempo que pasarán allí será largo. Foto: Municipalidad de Livingston.

 

Por Claudia Palma

 

“El nivel del agua sigue sin descender, los suelos no son capaces de filtrar una gota más”, explica Feve Cabnal, coordinadora de la Dirección de la Mujer de la municipalidad de Livingston, Izabal, y la encargada de coordinar que no falte nada en los siete albergues municipales.

Ahí permanecen 107 familias cuyas casas se construyeron en las riberas de Río Dulce y el Lago de Izabal. Hasta ayer el agua llegaba a 400 metros adentro de la orilla

Tomará tiempo que regresen a sus hogares.

 

La bebé de todos

La comunicación se entrecorta mientras Feve compra pañales en una farmacia para una bebé de 22 días de nacida. Las prioridades de cada albergue la tiene claras, pero esta vez se reprocha haber olvidado en su lista pañales para recién nacido.

En medio de lo más cruento de la tormenta Eta, la bebé, que aún no tiene nombre, fue rescatada junto con su madre en una pequeña lancha en la aldea Caimanes. La mamá se encuentra ahora en el hospital regional porque sufrió complicaciones después de la cesárea. A la pequeña las madres de otros chicos que se turnan en el albergue al que ambas llegaron sin nada. No hay una cuna ni carruaje, pero brazos amorosos no le han faltado y entre la ropa seca que ha sido donada todos se preocuparon en buscarle las prendas más calientes posibles mientras mamá vuelve.

“No hemos recibido mayor apoyo del Gobierno central”, dijo Feve mientras enumeraba donaciones de empresas y organizaciones que han contribuido a la manutención de los albergados. “Creemos que hay al menos 200 familias más que lograron resguardarse en casas de sus vecinos, hemos logrado llevarles alimentos, pero la necesidad es tanta que la ayuda nunca es suficiente”. En Livingston, 15 comunidades y cinco barrios del casco urbano fueron afectados por las dos tormentas.

Los propios vecinos han sido quienes han salido al rescate de los más desposeídos, cocinan en sus casas y llevan refacciones a los albergues, quienes recibieron a otras familias comparten lo poco que tienen.

 

 

Una lista muy precisa

La acumulación de agua ha favorecido la proliferación de zancudos, por ello requieren con urgencia pabellones o mosquiteros, repelentes, crema antimicóticas y para evitar la irritación de la piel, vitaminas y jarabes para la tos.

Feve se adelanta a planificar cómo será la incorporación de estas familias cuando abandonen el albergue y comenta que desean entregar una caja por familia que contenga: 10 libras de cada uno de los siguientes artículos: frijol, arroz, azúcar, pastas, 10 sopas de sobre, tres botes de aceite, tres libras de Incaparina, dos libras de avena, 5 libras  de leche en polvo, una caja de cereal, un bote de café.

“Es una despensa, como si fuera su primer supermercado por eso necesitamos que venga en una sola caja para entregarlas a cada familia que empezará sus vidas desde cero, cuando estén listos para volver a casa”, propuso.

En medio de las tormentas apenas hubo tiempo para ser rescatados, los niños perdieron todo. Feve también piensa en juguetes nuevo o usados en buen estado, en cajas de zapatos que pueden decorar con motivos navideños. “¿Sería mucho pedir que pongan una tarjetita hecha por la persona que envía el regalo adentro de la caja de zapatos? En estos días todos queremos escuchar que todo estará bien”.

 

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