En Jocotán no le temen a la pandemia del COVID-19, sino al hambre

Los vecinos subsisten de la cosecha de maíz y frijol. Complementan sus ingresos con la venta de mano de obra en fincas de Honduras y cañaverales de la Costa Sur, pero ahora están varados.

En Jocotán el mercado se traslado a un estadio para poder guardar distancia. Foto: Facebook de Mi linda Chiquimula.

 

Por José Pablo del Águila

 

Jocotán, Chiquimula, es conocido por las sequías y hambruna que padece. Desde hace dos décadas figura en los medios de comunicación por sus índices de desnutrición y pobreza. La situación parece no mejorar. Por lo que guardar la cuarentena en este municipio ubicado en el corredor seco es todo un reto.

En 2015, evaluaron a 2,704 niños de primero primaria, 67 por ciento padecía desnutrición crónica. Hasta el momento no existen estudios que determinen cómo incrementa la gravedad del COVID-19 en tales condiciones, dice Roger Gil, epidemiólogo del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). En la mayoría de países donde se ha expandido el virus, la desnutrición no es tan alta como en Guatemala, que reporta un índice mayor al 50 por ciento.

En Jocotán, seis comunidades no cuentan con red de energía eléctrica, según la municipalidad, y solo uno de cada diez hogares recibe agua entubada. Los otros nueve se abastecen de manantiales, pozos o chorro público.

De los 66,379 habitantes, 52,878 son chortís, casi el 80 por ciento. Omar Gerónimo, presidente de la organización Chortí Nuevo Día, cuenta que las actividades económicas son dos: la siembra de maíz y de frijol, y la mano de obra en fincas de café de Honduras o cañaverales en la costa sur.

En septiembre, las familias obtienen la cosecha del maíz y siembran frijol. De lo que cosechan, venden una parte para comprar insumos básicos y guardan otra para tener reservas alimentarias y subsistir durante el año.

Sin embargo, en la última década la capacidad de producción de las familias disminuyó alrededor de un 50 por ciento debido a la degradación ambiental, comenta Gerónimo. De tal cuenta, las reservas de alimentos son escasas y no alcanzan para subsistir. Los campesinos complementan sus ingresos con la venta de mano de obra en fincas. Pero, ahora que no hay transporte público, la situación es crítica.

“La gente no puede ir a trabajar a fincas de café a Honduras porque está restringido el paso, algunos logran salir y lo hacen por puntos ciegos, con riesgos de ser reprimidos por las comunidades que protegen sus entradas para que la pandemia no se extienda”, dice Gerónimo.

Durante esta crisis derivada del COVID-19, la comuna ha realizado compras de baja cuantía de amonio para desinfectar el mercado y mascarillas, además de cuatro viajes por Q15,800, para llevar melones a las comunidades (NPG E470869690, E470869895, E470870028 y E470870060.

Este es el segundo período no consecutivo de Ramón Díaz Gutiérrez (el primero fue en 2012-2016 con el Partido Patriota), electo en 2019 por la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).

Ojoconmipisto conversó con el alcalde de Jocotán acerca de esta emergencia, una más que enfrentan sus vecinos.

–Su presupuesto es de Q2 millones mensuales. Sin embargo, este año incurrió en gastos que no tienen que ver con la pandemia. En marzo gastó Q26,400 en publicidad, viajes y uniformes para el Deportivo Jocotán, ¿se reorientarán estos gastos para la crisis?
–Eso fue antes que iniciara la crisis, actualmente ya no gastamos en nada de eso. Los viajes se hicieron porque el pueblo es bastante futbolero y tuvimos que rescatarlo para no perder la ficha (la comuna gastó Q1,500 en cuatro viajes de directivos del Deportivo Jocotán, a la ciudad capital). Ahora reorientaremos el presupuesto para atender la pandemia.

–Según el Censo 2018, solo el 12 por ciento de los hogares en Jocotán tienen servicio de agua en su vivienda. El resto reporta como fuente principal de abastecimiento un manantial o nacimiento. ¿Cuál es su plan para regularizar el servicio?
–En las comunidades del área rural vamos a pensar en perforación de pozos. Aunque estamos en el corredor seco y, por la pobreza, la gente ha talado árboles para sembrar maíz y frijol o vender leña para  alimentar a su familia. Algunos cerros están deforestados. Los nacimientos de agua son escasos, tenemos que elaborar un plan de reforestación y bosques familiares.

–En 2015, el 67 por ciento de los niños padecían desnutrición crónica, según datos de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan). ¿Teme que aumente este porcentaje durante la cuarentena?
–Definitivamente, eso es un hecho. La gente está confinada en sus hogares y no tienen la oportunidad de salir a trabajar. No pueden salir a otros departamentos y eso dificulta que tengan ingresos para comprar alimentos. Vamos a vivir una crisis alimentaria muy seria y esperamos en Dios la ayuda de instituciones, oenegés y del Gobierno.

–¿Qué porcentaje de la población sale del municipio para trabajar?
–Jocotán tiene alrededor de 70 mil habitantes (según el censo son 66,379). Quizá un 80 por ciento sale, ya sea a diario o por temporadas de uno o dos meses. Van a las fincas de café a Honduras o a la Costa Sur al corte de caña.

–¿Atiene la población la orden de guardar cuarentena?
–La gente ha hecho caso a las disposiciones de Gobierno y de la municipalidad, pero no sabemos hasta cuándo se va a extender esto. La gente se va a desesperar. Aquí dicen: “no nos vamos a morir del COVID-19, nos vamos a morir de hambre”.

–El Gobierno anunció una ayuda que llegará según el consumo de energía eléctrica por hogar, ¿es favorable a sus vecinos?
–Tenemos comunidades donde no hemos podido electrificar. La Guayabillas, Conacaste, Tierra Blanca y Candelera, en la zona que colinda con Zacapa. ¿Qué se va a hacer con estas comunidades?

–Supongamos que las transferencias del Gobierno llegan a la población necesitada del municipio, ¿hay suficiente infraestructura bancaria para que las personas puedan gozar del beneficio?
–No, la gente en el área rural no está acostumbrada a ese tipo de transacciones, quizá con orientación lo puedan hacer. Para que se dé una idea, en Jocotán, siendo el centro de comercio en la región chortí (conformada por Olopa, San Juan Ermita y Camotán), apenas existen dos cajeros automáticos y hay otro más en el municipio vecino de Camotán. En total son tres cajeros automáticos.

–¿Cree que las ayudas del gobierno llegarán a las comunidades con necesidad?
–Esperamos que sí, pero de momento no han llegado.

–De la crisis, ¿qué es lo que más le preocupa en estos momentos?
–Que el contagio llegue a nuestro municipio. Tomamos todas las precauciones y la población ha acatado órdenes. Sin embargo, hay personas de la región Chortí que migran a trabajar a la Costa Sur y vienen de regreso, nos preocupa que así entre el contagio.

Jocotán es eminentemente agrícola, pero su gente sale a trabajar a Esquipulas, Honduras, Costa Sur, ahora la gente está confinada a sus comunidades. Históricamente Jocotán ha sido golpeado por la hambruna y desnutrición. Se avecina una crisis alimentaria fuerte y eso es preocupante. Sabemos de los programas de gobierno, pero aún no llegan.

 

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