De esto hablan cuando ordenan estar en cuarentena, yo lo viví

Las dos primeras semanas de agosto la pasamos aislados con mi familia por un posible caso de COVID-19. Salimos y los resultados no llegaron sino hasta el día 24, ahí nos enteramos de que mi hermana dio positivo.

El personal médico del Centro de Atención Permanente (CAP) realiza las visitas a los hogares sospechosos de contagio, a quienes hacen el hisopado si los síntomas coinciden con la enfermedad. Foto: municipalidad de Sumpango.

 

Por Jhonny Anona

     

Mi hermana mostró síntomas del nuevo coronavirus a finales de julio. Llamamos al Centro de Atención Permanente (CAP) del municipio, vivimos en Sumpango, Sacatepéquez, y un día después llegaron a casa. 

Después de evaluarnos determinaron que era necesario realizarnos un hisopado a los cuatro miembros de la familia: uno en la profundidad de la nariz (nasofaríngeo) y otro en la garganta (orofaríngeo). Habíamos escuchado que era doloroso y por supuesto teníamos miedo, pero no pasó de ser una molestia como la que produce el deseo de estornudar.

Y así, el pasado 31 de julio entramos en cuarentena, o mejor sería decir, en aislamiento de 14 días. A mi hermana le recetaron acetaminofén para el malestar general, y viscoteína, es un jarabe para la tos.

“En 14 días”, dijeron “tendrán los resultados de la prueba”. 

Sumpango reportó los primeros cuatro contagios el 19 de mayo. Hasta el 19 de agosto había 232 casos positivos, según el portal del Ministerio de Salud (MSPAS). La Dirección de Área de Salud Departamental (DAS) reportó 251 en la misma fecha, de los que 88 siguen activos.

El municipio registra 13 personas muertas a causa de coronavirus, a todos los inhumaron en el cementerio municipal sin realizar velatorio. Solo el grupo de enterradores y dos familiares en ese momento. Según Guatecompras, la municipalidad adquirió más de Q80 mil en mascarillas, trajes de polipropileno y guantes, para las personas a cargo de los entierros.

Según el conteo de la DAS, 370 personas se sometieron a toma de muestra, y 203 se encuentran en cuarentena. Desde que se habilitó el semáforo del coronavirus, el municipio se encuentra en alerta sanitaria roja, junto a los otros 15 municipios de Sacatepéquez.

El departamento acumula 2 mil 891 casos positivos de COVID-19, de los que 644 se encuentran activos. Han fallecido 141.

No sabemos cómo ni dónde pudo contagiarse mi hermana. Con mi familia tenemos una panadería la cual ella atiende por las tardes. Todos nos protegemos, somos cuidadosos con el lavado de manos, el uso de mascarilla y guardar la distancia física. Pero nos queda claro que ocurren descuidos que pueden enfermar a cualquiera.

Mi mamá, mi hermano y yo tratamos de mantenernos optimistas, bromeamos durante el encierro.  Guardamos la distancia incluso a la hora de sentarnos a comer. 

 

Solidaridad

Durante las dos semanas de cuarentena, familiares, amigos y vecinos mostraron solidaridad hacia nosotros. No faltaron a diario las frutas, verduras y cuanto necesitáramos para pasar el día a día. Las llamadas y mensajes también ofrecían apoyo.

En el inicio mi hermana presentó fiebre, tos, fatiga y dolor de garganta. También perdió el sentido del gusto y del olfato. Después vino lo más temido, la dificultad de respirar. Estuvo aislada en un cuarto con un sanitario separado. Al cabo de unos días los síntomas desaparecieron, no fue necesario usar oxígeno u hospitalizar. Bastaron las medicinas recetadas, así como baños de vapor de eucalipto, tés de diferentes plantas y el reposo total. 

Nos dijeron que debíamos apartar sus trastes y de comer nada de grasas, solo verduras, frutas y tés.

En cuanto a nosotros, una médica del CAP nos llamó en tres ocasiones en las dos semanas, para preguntar cómo nos sentíamos. 

 

Este fue uno de los tres pasteles que recibió mi hermana para su cumpleaños en cuarentena. Foto: Jhonny Anona.

 

Esta vez no hubo abrazos, pero sí tres pasteles y obsequios que sus amigas y familiares dejaron en la puerta de nuestra casa el 4 de agosto, en el quinto día de encierro cumplió 20 años. 

Nuestra cuarentena terminó el 14 de agosto sin que recibiéramos el resultado de las pruebas, igual que muchas otras familias a las que se les tomó muestra en el municipio. Tuvimos que esperar más de tres semanas para saber que mi hermana dio positivo. Una llamada telefónica fue el único medio para notificarnos. A otras familias el resultado les llegó casi dos meses después. 

Recibimos una llamada de la municipalidad tres días después de terminada la cuarentena para preguntar si necesitábamos víveres. Sumpango es un municipio de ocho aldeas, un caserío, siete zonas y 37 mil 260 habitantes, según el Censo 2018.

En la conferencia de prensa del 21 de agosto, la viceministra técnica del MSPAS, Lucrecia Ramírez informó que, por distintas razones (el contagio de parte del personal, por ejemplo), el Laboratorio Nacional de Salud llegó a acumular más de 8 mil pruebas sin procesar. La situación, indicó, se redujo a 1,996 pruebas pendientes hacia el viernes de la semana pasada. Esperaban no tener más pruebas acumuladas sin procesar para esta semana.

Ante la demora de obtener los resultados, muchas personas acuden a clínicas privadas de Sumpango para realizarse una prueba de antígeno. Este examen, conocido por tener hasta un 30 por ciento de probabilidad de dar un falso negativo, tiene un valor de Q450 en laboratorios locales, que por cierto, no aparecen entre los autorizados por Salud. Nuestra frágil economía no nos permitió esa opción, por lo que decidimos cumplir la cuarentena y esperar los resultados del MSPAS.

Luego de sufrir los síntomas de la enfermedad, mi hermana se sintió mareada y algo débil. Al final del aislamiento, le recetaron vitaminas para recuperarse de las secuelas.

El primer día que pusimos un pie afuera de casa había muchas preguntas por responder a vecinos y familiares inundados de curiosidad. También nos tocó desmentir las exageraciones que surgieron en el paso de información como que mi hermana estuvo  hospitalizada y que toda la familia (incluidos primos y tíos) se habían contagiado. 

Pero sobre todo agradecer a quienes llevaron los insumos que con mucho afecto nos regalaron día a día.

 

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