Se secan las fuentes de agua de cantón San Pablo, Tacaná

El problema en esta localidad de San Marcos se acentuó en los últimos dos años.

Tanque de captación de agua potable, ubicado en el sector 1, cantón San Pablo. Foto: Bilmer Velásquez

Tanque de captación de agua potable, ubicado en el sector 1, cantón San Pablo. Foto: Bilmer Velásquez

Por Bilmer Velásquez

Los 1,300 habitantes del cantón San Pablo, en Tacaná, sufren por la falta de agua. El problema se acrecentó con el tiempo y cada vez es más crítico. Quienes primero se percataron del fenómeno fueron los miembros del comité de agua potable local. Ahora solo reciben el 30 por ciento de lo que antes se percibían. Y el caudal disminuye cada vez más.

Carlos Gómez, alcalde auxiliar de la comunidad, manifiesta que la situación es alarmante. Y que los factores que han provocado la disminución de agua son la tala inmoderada y el cambio climático. Por otra parte, el año pasado no llovió lo suficiente, y por ello, las fuentes no pudieron recargarse. Los temblores recientes también pudieron haber provocado que el agua se desvíe.

Gómez afirma que deben de implementarse algunas medidas para poder aumentar los caudales. “Es preciso asignar una tarifa para cada usuario, ahorrar y no desperdiciar. También aumentar la siembra de arboles y reducir la tala inmoderada”.

El cantón San Pablo está dividido en cinco sectores y a excepción de los tres y cuatro, que comparten una fuente de agua, los demás son dueños de la que los abastece. Todas las fuentes forman parte de la Microcuenca Esquichá. En la localidad hay 60 casas habitadas y los vecinos requieren de más servicios porque lo que les llega de líquido no es suficiente.

Florencio Pérez, una de las personas de mayor edad de la comunidad, comparte: “Antes había suficiente agua, no había mucha gente, se vivía bien, se comía bien, no había comida chatarra. Se respetaban mucho a los árboles y a los animales”. En la mayoría de hogares, recuerda, no faltaba el agua potable.

“La falta de agua se hace evidente y nos afecta a todos por igual porque dependemos de la agricultura familiar. Los cultivos ya no producen lo mismo. Debido a la falta de control, se hace necesaria, urgente e imprescindible una ley que regule el uso del agua”, refiere el presidente del cocode Ulises Velásquez.

A criterio de Velásquez, en San Pablo hay suficiente agua. El problema es la irresponsabilidad de los habitantes. Propone, como solución inmediata, colocar contadores hídricos. Después, el tratamiento de aguas servidas, junto con reforestación y mejoramiento de las zonas de recarga hídrica.

José Morales, miembro del comité de agua, manifiesta que es preocupante que las fuentes que abastece a cada sector se están secando. “Queremos que los vecinos aprendan a utilizarla bien”, afirma. Además, como no hay una cuota mensual establecida por consumo, el único pago que se realiza es cuando se adquiere un nuevo servicio. Se paga, en ese momento, Q3,500.

Morales añade que, en el futuro, se planifica instalar contadores y establecer una cuota mensual por consumo. “Ello para que la población aprenda a valorar el agua. No se ha podido hacer aún por que nos faltan recursos económicos para comprar materiales y herramientas, pero se hará”.

Hoy, para enfrentar el problema, los vecinos almacenan agua, cuenta Francisco Velásquez. “Se guarda en pilas y tinacos. Pero se dificulta lavar ropa, utensilios de cocina o incluso, asearse”, concluye.

Esta nota es producto del Diplomado “Periodismo y Desigualdad” impartido por Laboratorio de Medios, S.A., a comunicadores de varios departamentos de Guatemala con financiamiento de Oxfam y la Inter-American Foundation (IAF.) El contenido es exclusiva responsabilidad de su autor.

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